~ Conjeturas ~
por Jacques Vallée
extraído de "Pasaporte a Magonia"
Acaso parezca inútil perderse en conjeturas acerca de un fenómeno que, según todas las autoridades, sigue aún sin identificar. Pero este libro ha demostrado que tal fenómeno ha dejado una clara serie de huellas en las creencias y actitudes de nuestros coetáneos, según un patrón no sólo identificable, sino que tiene, además, numerosos precedentes. De ahí que no sea necesariamente ocioso tratar de imaginar tests críticos, tanto sociológicos como físicos por su naturaleza, para determinar si hay o no hay un propósito deliberado en el fenómeno que describen los testigos. Si la respuesta fuese afirmativa, ello no querría decir que el problema de deducir la identidad de la inteligencia que lo origina tenga que ser soluble. En consecuencia, esto último tendría que ser la base de cualquier futuro intento de interpretación teórica.

Cada vez que se presenta un conjunto de circunstancias insólitas, es propio de la naturaleza de la mente humana analizarlo hasta descubrir, al nivel que sea, una constante racional. Pero es perfectamente admisible que la Naturaleza nos ofrezca unas circunstancias tan profundamente organizadas, que nuestros errores lógicos y de observación oculten por completo la constante que hay que identificar. Esto no es nada nuevo para el científico. La historia de la ciencia consiste en un progreso dual: el refinamiento de las técnicas de observación y el mejoramiento de los métodos analíticos. En cambio, la proposición de que el Universo pueda albergar a seres inteligentes dotados de tal organización que ningún modelo de ella pueda construirse basándonos en las ideas actualmente conocidas, es también teóricamente posible. En tal caso, el comportamiento de estos seres parecería necesariamente caprichoso o absurdo, o pasaría inadvertido, especialmente si poseyesen medios físicos de desaparecer a voluntad del campo de las percepciones humanas. Resulta interesante observar —aunque esto no venga aquí muy a cuento—, que estas acciones físicas aparecerían en los informes científicos como simples accidentes casuales, fácilmente atribuibles a errores instrumentales o a una gran diversidad de causas naturales.
Si consideramos el fenómeno OVNI como un ejemplo especial de esa cuestión más fundamental, se nos plantea la doble posibilidad de que permanezca durante mucho tiempo insoluble y de que se manifieste continuamente, lo cual es cierto tanto si el fenómeno es de carácter natural como si es artificial.
En tal caso, es lícito predecir que se desarrollará un nuevo mito que se nutrirá en esta dualidad. En ausencia de una solución racional del misterio, y al ser muy intenso el interés público por la cuestión, es sumamente probable que en los próximos años todas las nuevas variedades de charlatanismo lo tomen como base, aunque es imposible vaticinar su forma exacta. Es muy pos ible que estemos viviendo los primeros años de un nuevo movimiento mitológico, que incluso puede terminar dando a nuestra era tecnológica su Olimpo, su país de las hadas o su Walhalla, tanto si consideramos esto como un beneficio o como un revés para nuestra cultura. Como muchas observaciones del fenómeno OVNI: parecen coherentes y al mismo tiempo irreconciliables con el conocimiento científico, se ha creado lógicamente un vacío que la imaginación humana trata de colmar con sus propias fantasías. Situaciones semejantes se observaron con frecuencia en el pasa lo, y nos dieron simultáneamente las más altas y más bajas formas de actividad religiosa, poética y política. Es muy posible que el fenómeno que aquí estudiamos dé origen a unas consecuencias parecidas, porque sus manifestaciones coinciden con un renacido interés por el valor humano de la tecnología.
Entre el público en general y los jóvenes en particular, suele existir un considerable desconcierto por lo que toca a la actitud de los científicos ante tales fenómenos. A veces sus preguntas contienen una nota de angustia. Por lo general, son las siguiente: «¿Cómo debemos reaccionar ante la invasión de historias absurdas e incoherentes sobre platillos volantes?» «¿De qué sirve continuar estudiando ciencias, si éstas no pueden aplicarse al análisis racional de estos fenómenos?» «En una época en que se invita a los jóvenes a seguir con entusiasmo los progresos de la astronáutica, ¿por qué el tema de la vida en el Universo tiene que ser una cuestión tabú?» «En los Estados Unidos existen varias organizaciones que se dedican a la investigación de este problema. Parecen contar con el apoyo de varios renombrados científicos, y a menudo alegan que el Gobierno está convencido de que el fenómeno tiene un origen inteligente, pero que oculta la verdad al público. ¿No deberíamos afiliarnos a estas organizaciones para ampliar nuestros conocimientos sobre la cuestión?»
Quizá podríamos formular como sigue un intento de respuesta a estas preguntas. En primer lugar, es un error creer en la Autoridad, poner una fe ciega en informes oficiales, tesis científicas, teorías de un autor determinado, cuando se discute un punto de investigación. Por más objetivo que me considere el lector, yo no puedo evitar el tener una imagen general en mi espíritu mientras escribo este libro, y lo mismo les ocurre a todos los autores, incluso a los que se ocupan de temas tan susceptibles de análisis objetivo como la química o la geometría..., por más enérgicamente que afirmen que son imparciales. Por lo tanto, hay que tomar únicamente de los libros aquellas referencias que estén debidamente documentadas, para confrontarlas luego con un contexto humano más amplio. Un buen investigador no debe temer el hecho de mudar de parecer; ni debe desesperarse porque sus confortadoras creencias le abandonen en cuanto empieza a someterlas a su propia crítica. Si sigue estas reglas, quizá no pueda resolver todos los problemas que aborde, pero al menos se hallará menos expuesto a ser víctima de todos los engaños y caprichos que aquéllos traen aparejados.
Del mismo modo como algunas revistas baratas se proponen deliberadamente sembrar el pánico entre el público y medrar a costa de este pánico, algunos informes científicos son fraudes deliberados destinados a reforzar la solvencia de nuestras instituciones científicas, políticas y militares. Esto es una realidad de la vida, que no debe desalentar a nadie ni disuadirnos del estudio de la ciencia. No significa necesariamente que alguien oculte una verdad formidable. Si la idea de que la ciencia no sabe nada acerca de ciertos fenómenos parece inaceptable para el público, ¿por qué tiene que ser más fácilmente aceptable para los científicos profesionales? Esos grupos de entusiastas que propugnan un estudio urgente de los platillos volantes por un equipo de científicos especialmente contratados, olvidan que una disciplina determinada sólo puede progresar si unos profesionales competentes se sienten auténtica y suficientemente interesados por ella para dirigir sus esfuerzos hacia su solución, y esto no lo logra el dinero ni una ley aprobada por el Congreso. O bien las numerosas observaciones de OVNIS que se han ido acumulando en el transcurso de los años no poseen valor científico alguno, en cuyo caso ninguna cantidad de publicidad produciría el menor efecto para encontrar su solución, o bien estas observaciones tienen un valor científico, en cuyo caso ese valioso residuo que puedan contener tendría que ser reconocido y explotado mediante la investigación directa, de lo cual resultarían nuevos descubrimientos que, por definición, los métodos actuales son incapaces de predecir. Un joven investigador debería tener presente que nunca efectuará una aportación seria al estudio de este problema, o de cualquier otro, a menos que primero desarrolle su propia competencia hasta el punto en que pueda escoger un aspecto del mismo y abarcarlo por su propio esfuerzo, sin confiar en la forma de pensamiento emotivo que caracteriza al entusiasmo.

Precisamente porque la ciencia es el proceso a través del cual los argumentos emocionales insolubles pueden transformarse en series organizadas de subproblemas que pueden someterse al análisis racional, el fenómeno OVNI es interesante. Por consiguiente, afirmar que los OVNIS no son un problema científico, o tan sólo plantear esta cuestión, equivale ya a decir algo absurdo. No existe nada que pueda denominarse un problema científico : es el hombre que se enfrenta al problema quien es o no científico en su manera de abordarlo. La ciencia es un objeto en la mente del hombre, no una característica que podemos otorgar o retirar de cualquier artefacto de aspecto extravagante que cruce nuestros cielos.
Para un científico, la única cuestión válida, vistas así las cosas, es la de decidir si el fenómeno puede ser estudiado por sí mismo, o si es un ejemplo de un problema más profundo. Este libro intenta ilustrar —pero sólo ilustrar— esta última manera de enfocar el problema. Y la conclusión que de ello se saca es que, gracias al fenómeno OVNI, tenemos la ocasión verdaderamente única de asistir a la gestación de un folklore, y de recopilar material científico en la fuente más profunda de la imaginación humana. Incurriremos en el desprecio de los futuros estudiosos de nuestra civilización si permitimos que este material se pierda, pues «la tradición es un meteoro que, una vez ha caído, ya no puede encenderse de nuevo».
El método con que se recogen las observaciones debería interesar al sociólogo, pues presenta ciertos rasgos divertidos. Entre los que creen en los OVNIS existe una tendencia a agruparse en grandes organizaciones muy burocráticas, donde despilfarran todas sus energías y a veces cuantiosas sumas de dinero, sin alcanzar prácticamente ningún resultado visible. Es evidente que estas asociaciones responden más a una necesidad psicológica que a un auténtico deseo de descubrir la solución de un interesante problema intelectual. El mantenimiento de estos grupos representa un tremendo esfuerzo —listas de envío por correo, contabilidad, etcétera—, y la experiencia demuestra que la investigación es la última de las actividades que los mismos pueden permitirse. En cambio, estos grupos se dedican a querellas internas y a pelearse con otras organizaciones similares, lo cual llega a adquirir tales dimensiones que terminan por convertirse en un grave obstáculo para los investigadores independientes, que únicamente desean procurarse datos de primera mano y no quieren tomar partido por una personalidad o una teoría determinadas, oponiéndolas a otras. Estos grupúsculos son hoy día tan numerosos, que sus publicaciones ya no llegan a manos de los científicos, pues sería mucho pedir que éstos se leyesen de quince a veinte revistas especializadas todos los meses.
Si la gente desease llegar verdaderamente a la raíz del fenómeno OVNI, bastaría con que formasen un gran número de pequeños círculos desprovistos de todo empaque oficial, cuyo único objetivo sería reunir noticias de primera mano. Es evidente que los científicos profesionales no se hallan en situación de hacer esto. Conocen el problema únicamente a través de la Prensa diaria, que no facilita información más que sobre casos sucedidos dentro de una zona restringida. Cuando no es así, el relato de los testigos suele estar tan deformado, que la información no tiene ningún valor. Y aunque el telegrama o el artículo sean cabales, es imposible calibrar la confianza que merecen los testigos, o saber cómo se les considera en la comunidad en que viven. Solamente los que residan en una localidad determinada pueden ver en su justa perspectiva un hecho tan singular como es la observación de un OVNI.
La creación de una red de grupos activos pero desprovistos de carácter oficial también ayudaría a resolver el problema de documentación y publicación. Cuando los principales grupos organizados realizan encuestas —pues también lo hacen—, las entierran en sus archivos o publican sólo tendenciosos y farragosos sumarios, tendiendo así un velo sobre el material de primera mano que precisamente tendrían que revelar y divulgar.
En resumen : ni un programa de urgencia dirigido por veinte premios Nobel, ni correlaciones hechas con computadora de millones de parámetros mal observados, ni telepatía mental con seres superiores del espacio, ni la organización de centenares de personas en grupos de observadores, dedicados a escrutar los cielos todas las noches con prismáticos y un corazón puro, resolverán fácilmente un problema que durante tanto tiempo ha eludido a nuestros radares, aviones, astrónomos y teorías físicas. Lo único que puede ayudarnos a realizar algunos progresos hacia una comprensión del fenómeno es la publicación de buenos informes. Éstos deben ser de primera mano. Tienen que recopilarse y publicarse lo antes posible. Deben circular libremente. En los Estados Unidos, por desgracia, no existe una sola publicación seria cuyas columnas estén abiertas a los investigadores privados para la inserción de estas investigaciones, pero hay varias publicaciones respetables en otras partes del mundo, en especial la Flying Sauces Review de Londres, citada aquí con frecuencia, que va en vías de convertirse en una principal fuente de material para los estudiosos del folklore. En idioma francés, el Boletín del GEPA y Lumiéres dans la Nuit son dos fuentes cuya honestidad quien esto escribe ha encontrado indiscutible. Pero ninguna de estas publicaciones contiene la solución del problema de los OVNIS.

Tenemos ahora a nuestro alrededor, totalmente inadver ido, el material para muchos años de estudio altamente construc ivo; sólo cuando se presentan los testigos con el tipo de observación comentado en este libro es cuando nos damos cuenta de que: en ningún otro momento de la Historia el espíritu humano había sido tan productivo, tan secreto y tan fascinante.
Finalmente, debemos hacernos esta pregunta: «Si rechazamos la ingenua teoría según la cual el fenómeno OVNI está cau ado por amistosos visitantes procedentes de Marte, ¿qué otras alternativas nos quedan?» Resulta divertido tratar de responder a esta pregunta. Los fans más imaginativos de la cienciaficción podrían pasar revista a las siguientes posibilidades:
- 1 ~ Existe un fenómeno natural cuyas manifestaciones se encuentran a caballo de lo físico y lo mental. Existe un medio en el cual los sueños humanos pueden cobrar realidad, y éste es el mecanismo mediante el cual se originan los casos de los OVNIS, que no requieren una inteligencia superior para desencadenarlos. Esto explicaría el carácter fugaz de las manifestaciones de OVNIS, el alegado contacto con ocupantes amigos, y el hecho de que, los objetos parezcan seguir el progreso de la tecnología humana y utilizar símbolos corrientes. Esta teoría explica la conduct de los «visitantes»: agresiva en Hispanoamérica, «cartesiana» en Francia, «monstruos del espacio» en los Estados Unidos, etc. Explica también, naturalmente, la totalidad de los milagros religiosos, así como los fantasmas y otros supuestos fenómenos sobrenaturales.
- 2 ~ El mismo resultado se obtendría con la hipótesis de entidades mentales, que sería simultáneamente perceptible para grupos independientes de testigos. Por desgracia, esta hipótesis no explicaría las huellas dejadas por estos fenómenos.
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3 ~ También podríamos imaginar que durante siglos una inteligencia superior ha estado proyectando en nuestro medio ambiente (elegido por razones conocidas únicamente por esa inteligencia), diversos objetos artificiales cuya creación es una forma pura de arte. Quizás esta inteligencia se divierte con nuestro desconcierto, o tal vez trata de inculcarnos algún nuevo concepto. Quizá realice un esfuerzo puramente gratuito, y sus creaciones sean tan imposibles de entender para nosotros como lo es la escultura de Picasso en Chicago para los pájaros que se posare en ella. Como Picasso y su arte, el Gran Maestro de los OVNIS da forma a nuestra cultura, sin que la mayoría de nosotros nos enteremos.
Por desgracia, ninguna de estas atractivas teorías tiene base científica. Debo disculparme por presentarlas aquí, pero únicamente me proponía demostrar cuán de prisa podemos dejarnos llevar a las más fantásticas elucubraciones en cuanto olvidamos la dura lección de los hechos. No hay duda de que podríamos enumerar fácilmente cien o mil de estas teorías, y cada una de ellas podría servir de base para un lindo mito nuevo, una nueva religión o una moda seudocientífica.
Si queremos evitar especulaciones tan extremas, pero efectuar ciertas observaciones fundamentales a partir de los datos existentes, cinco hechos principales se destacan claramente ante nosotros :
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Hecho 1 ~ Desde mediados de 1946, ha existido entre el público de todos los países una proliferación extremadamente activa de pintorescos rumores. Éstos se centran en un número considerable de observaciones de máquinas desconocidas próximas al suelo en las zonas rurales, en las trazas físicas dejadas por estas máquinas, y en sus diversos efectos sobre seres humanos y animales.
Hecho 2 ~ Extrayendo de estos rumores los arquetipos subyacentes, se ve que el mito de los platillos coincide en grado notable con la fe en las hadas de las regiones célticas, las observaciones hechas por eruditos antiguos, y la creencia, ampliamente difundida entre todos los pueblos, acerca de seres cuyas características físicas y psicológicas los colocan en, la misma categoría que los actuales ufonautas.
Hecho 3 ~ Los seres que los testigos humanos afirman haber visto, oído y tocado se dividen en varios tipos biológicos. Entre ellos hay seres de talla gigantesca, hombres completamente normales, seres alados y diversos tipos de monstruos. No obstante, la mayoría de los llamados pilotos son enanos y se dividen en dos grupos principales : (1) seres negros y peludos —idénticos a los gnomos de las leyendas medievales—, de ojillos brillantes y voces cavernosas y «cascadas»; y (2) seres —que responden a la descripción de los silfos de la Edad Media o de los elfos de la fe en las hadas— de tez humana, cabeza voluminosa y voz argentina. Todos estos seres han sido descritos con aparatos respiratorios y sin ellos. A veces se han visto junto a seres pertenecientes a distintas categorías.
Hecho 4 ~ El comportamiento de estos seres es invariablemente tan absurdo como ridículo es el aspecto de sus naves. En numerosos casos de comunicación verbal con ellos, sus declaraciones han resultado ser sistemáticamente falaces. Esto es cierto para todos los casos que se conocen, desde los encuentros con el Buen Pueblo en las Islas Británicas hasta conversaciones con los ingenieros de la nave aérea durante la oleada norteamericana de 1897, sin olvidar las conversaciones con los supuestos marcianos en Europa, América del Norte y del Sur y otros lugares del globo. Esta absurda conducta ha tenido por efecto alejar a los científicos profesionales de las zonas donde dicha actividad tenía lugar. También ha servido para dar al mito «platillista» su aureola religiosa y mística.
Hecho 5 ~ El mecanismo de las apariciones, desde los tiem-pos legendarios e históricos hasta los modernos, es siempre el mismo y sigue el modelo de los milagros religiosos. Varios casos, que llevan el refrendo oficial de la Iglesia católica (Fátima, Guadalupe, etc.), no son más, en realidad —si aplicamos las definiciones a rajatabla—, que fenómenos OVNI en los que el ser asociado con los mismos ha entregado un mensaje que se refiere a creencias religiosas y no a fertilizantes o a ingeniería, como en otros casos.
Teniendo en cuenta los cinco hechos anteriores, doy por válidas las tres proposiciones siguientes :
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Proposición 1 ~ La conducta de unos visitantes no humanos de nuestro planeta, o la conducta de una raza superior que coexistiese con nosotros en este planeta, no tendría necesariamente que aparecer lógica a los ojos del observador humano. Los hombres de ciencia que apartan con gesto despectivo los informes sobre OVNIS porque «es evidente que unos visitantes inteligentes no se comportarían así», sencillamente jamás han pensado en serio en el problema de la inteligencia no humana.
En realidad, la observación y la deducción se ponen de acuerdo para afirmar que las acciones organizadas de una especie superior deben aparecer absurdas a los ojos de la inferior. Que esto no excluye el contacto ni siquiera la cohabitación es un hecho evidente demostrado todos los días en nuestro planeta, donde seres humanos, animales e insectos realizan actividades entremezcladas a pesar de sus diferentes niveles de organización nerviosa.
Proposición 2 ~ Si reconocemos que la estructura y la naturaleza del tiempo sigue siendo tan enigmática para los físicos modernos como lo era para el reverendo Kirk, de ello se deduce que cualquier teoría del Universo que no tenga en cuenta nuestra ignorancia a este respecto, probablemente no pasará de ser un ejercicio académico. En particular, semejante teoría nunca podría esgrimirse seriamente en una discusión acerca de las limitaciones impuestas a unos posibles visitantes de nuestro planeta.
Proposición 3 ~ Todo el enigma que estamos discutiendo contiene del primero al último los elementos de un mito que podría utilizarse para fines políticos o sociológicos, lo que está corroborado por el curioso vínculo existente entre el contenido de los
propios informes y los progresos de la tecnología humana, desde naves aéreas a platillos volantes, pasando por dirigibles y cohetes fantasmas..., vínculo al que nunca se ha dado una interpretación satisfactoria dentro de un contexto sociológico.
Con respecto a este último punto, encuentro muy notable que el primer ejemplo de apagón causado por un OVNI se encuentre precisamente en Twilight Bar, una obra teatral escrita por Arthur Koestler en 1933. Durante esta obra, cuya acción transcurre en una pequeña isla sin nombre en la que está a punto de estallar una guerra civil, un enorme «meteoro» pasa volando sobre la población con un agudísimo silbido, al tiempo que todas las luces se apagan. El objeto se hunde en el mar y dos seres, vestidos con monos blancos y moviéndose como si se hallasen en trance, aparecen en la orilla y se presentan como mensajeros enviados para advertir a la Humanidad que tiene sólo tres días para enmendarse. Si no lo hace, dicen estos seres, la especie humana será destruida y la Tierra volverá a ser poblada por una raza superior.
Estoy asimismo en deuda con Donald Hanlon por haberme señalado que la primera referencia a los efectos producidos por un OVNI en la ignición de un automóvil se encuentra en una novela escrita en 1950 por Bernard Newman y titulada El platillo volante. Verdad es que cuando Newman escribió su obra, ya circulaban algunos informes sobre OVNIS que aludían a perturbaciones magnéticas (de la brújula). Incluso, en 1944, los militares ya habían acopiado una considerable información acerca de objetos volantes no identificados, pues la primera encuesta científica a gran escala se había realizado el año precedente. Pero subsiste el hecho de que la coincidencia entre estas obras de ficción y los detalles reales de los informes procedentes del público es muy notable, y abre la puerta a ilimitadas conjeturas. Por desgracia, éste es precisamente el momento donde debemos dejar de hacerlas.
Para concluir, observemos que la densidad (en el tiempo) de las manifestaciones de OVNIS no disminuye. Observemos también que un conocimiento de la estructura del tiempo implicaría un conocimiento superior del destino (empleo aquí el término «destino» no para designar el hado de los individuos, sino el mecanismo mediante el cual se despliegan los acontecimientos físicos y la trama en que se hallan entretejidos). Quizá debiera recordar al lector dos puntos a los que hemos aludido anteriormente: (1) la relatividad del tiempo en Magonia, una teoría que hemos encontrado en numerosos cuentos aquí examinados, y (2) aquella sorprendente observación hecha por un silfo a Facius Cardan, que antecede a la teoría de los quantum en cuatro siglos : «Él afirmó que Dios creó (el Universo) de un instante al otro, por lo que si Él desistiese de hacerlo un solo instante el mundo perecería.»
Y como dijo Jerome Cardan : «Sea esto fábula o realidad, así queda.» Yo no puedo ofrecer la clave de este misterio. únicamente puedo repetir : la búsqueda acaso sea inútil; la solución quizá quede siempre fuera de nuestro alcance; la aparente lógica de nuestras deducciones más elementales puede evaporarse. Tal vez lo que buscamos no sea más que un sueño que, pese a convertirse en parte integrante de nuestras vidas, nunca existió en realidad. No podemos estar seguros de que estudiemos algo real, porque no sabemos lo que es la realidad; únicamente podemos estar seguros de que nuestro estudio nos ayudará a entender muchas más cosas sobre nosotros mismos. Ésta no es una tarea inútil, y esta idea me consuela, mientras os dejo con estos versos de Milton:
Lo tomé por una visión fantástica
de alegres criaturas de los elementos
que habitan en los colores del Arco Iris
y juegan en las hendidas nubes. Sentí temor
y los adoré al pasar; si aquellos que buscas
marchan por un camino como el del cielo,
te ayudará a encontrarlos.