~ Final Abierto ~
Capítulo 21 de la versión sonora [talking book] del libro "Alucinaciones Reales", de Terence McKenna. Este capítulo no fue incluido en la versión impresa.

Mis propias ideas concernientes al mecanismo por el cual el Alma Colectiva crea los OVNIs, podrían tomar la siguiente forma. La dimetiltriptamina cuando se fuma, se esnifa o se inyecta induce a una breve y extremadamente intensa experiencia psiquedélica, en donde un abrumador contacto con lo Otro se desencadena. Así, durante la última década esta extraordinaria propiedad del DMT, ha hecho que muchos que buscaban las bases químicas de la esquizofrenia la tomaran como la tan perseguida esquizotoxina, aunque de hecho, los estudios han quedado inconclusos. No se ha podido probar que la concentración de la DMT difiera significativamente entre los estados normales y los esquizofrénicos. Los estudios han establecido la presencia de DMT en el cuerpo humano, aunque su origen y significado es desconocido. Aunque puede reflejar síntesis endógenas, podría ser también el resultado de la dieta, de bioproductos bacterianos, un error humano de laboratorio u otras fuentes.

Al bizarro poder de la experiencia con DMT, su presencia y su rol desconocido en el metabolismo humano, añadamos otro elemento: el extraña aura de sugestión que precede la llegada de la experiencia. Este periodo dura de 15 segundos a un minuto, y es un período durante el cual las asunciones que el sujeto proyecta concernientes al cambio de percepción asumen un enorme poder. Unos momentos después, el poder de la ahora numinosa asunción abruma los sentidos del observador con un escenario el cual, siendo totalmente bizarro y atroz, es de alguna manera un cumplimiento psicológico de las expectativas formadas en los minutos de transición que precede al zambullido visionario.

Lo que sugiero es que algo como esto debe suceder durante un encuentro con OVNIs, y la causa debe ser algo parcialmente enterrada en el organismo humano. Imagina a una persona vagando solo en un país extranjero; de repente, hay una explosión de locura, seguido de una sensación de adormecimiento en las extremidades, seguida de una claridad de visión y un sonido de algo que se rasga. A esta altura, el sentido de extrañeza dentro y fuera del cuerpo causará la sensación de miedo en mucha gente. El miedo provoca una rápida y automática búsqueda de una explicación validada culturalmente de lo que sucede, y, así, siempre encontraremos una explicación. "Un demonio me ha embrujado", o "Esto es una aparición de la Santa Madre", o "Dios mío, esto debe ser un OVNI": en cada caso el abandono del ego a una explicación preescrita culturalmente, provoca que la experiencia de lo Otro se fragmente y se reescriba acorde con los iconos que la cultura ofrece sobre lo que lo Otro conlleva.

Se sabe que la DMT se une a cierto tejidos específicos cuando es introducida en el organismo humano. ¿No es posible que, en ocasiones, nosotros, las formas humanas seamos ocasionalmente susceptibles de sufrir estos estados visionarios? ¿Cuando por razones de stress o dieta, estos factores se combinan con factores psicodinámicos que inician un repentino volcado de DMT acumulado? Las feromonas podrían formar parte en esta experiencia, y el aislamiento podría ser el interruptor. Sea cual sea la causa, nuestro condicionamiento como individuos nos sumerge en un escenario numinoso que refleja los más profundos asuntos y ansias de nuestra cultura hacia lo Otro.

En nuestra era, esto ha dado lugar a la creencia de que somos visitados por amigables extraterrestres. En 1917, el milagro en Fátima fuye interpretado como una manifestación de la Virgen María. Actualmente, seguramente sería asociado a un contacto extraterrestre. Si mi sugerencia en lo concerniente a la DMT fuera correcta, explicaría que la interpretación del fenómeno OVNI como termostato cultural, dada por Vallee y otros, funcione. Aquella gente que experimenta la DMT y se ve imbuída en el mito creado por lo Otro, vuelven como apóstoles de dicho mito, capaces de clarificarlo, refinarlo, y emplearlo para influir en desarrollo histórico, que debe ser de hecho, el propósito de la agencia que existe tras los OVNIs.

El stress, que es generalmente un síntoma de crisis histórica, podría ser el factor que induce las experiencias de contacto con OVNIs/extraterrestres. A medida que la crisis histórica se hace cada vez más profunda, el numero de contactados aumenta hasta que una porción atemporal de masa de la psique ha afectado al suficiente número de individuos, que se da de hecho, un giro sobre el curso de acción del stress. ¿Cómo de bien es capaz de jugar el SuperEgo el rol de Dios? ¿Vendrá en un esplendor platillesco para salvar el mundo de las llamas del fin de los tiempos? ¿O simplemente hará señas y advertirnos con con visiones y profecías? Estas son cuestiones que deberían resolverse si exploramos diligentemente los estados mentales que psilocibina y DMT hacen posibles.

Quizá los encuentros con OVNIS no implican más que un complejo psíquico, capaz de emerger durante la situación de dinámicas de inusuales energías inducidas por las psique por la psilocibina. De todas formas, una aproximacióm explicatoria diferente, aproximaría los límites entre la psique y el mundo con la idea de un continuum cuyas modalidades se cortan unas a otras. Esta aproximación garantizaría la existencia fenomenológica de dichos constructos vistos en los trances de Stropharia y los encuentros con OVNIs. En efecto, el vasto mundo que llamamos imaginación, o el inconsciente, podría permanecer imperceptible en mundos autónomos existentes que llamamos "hiperdimensionales", indicando la paradoja de su invisibilidad simultánea y su aparición en el trance de psilocibina; una presencia alucinatoria.

Sobre nosotros descansa el futuro, en donde podemos esperar se intensifique el ingreso en la nueva dimensión. Es importante para nosotros tener una noción de los poderes que existen en ese otro mundo y de sus agencias cambiantes. En una sociedad tradicional, nuestra exploración de estas materias podría estar unida a los mitos chamánicos concernientes a estas fuerzas. Desde que somos miembros de una sociedad profana en la que la relación con el incosciente de uno se ha vuelto extraña, no tenemos consuelo. No tenemos rituales de desvanecimiento, o palabras de auto-potenciamiento. Debemos intentar conquistar los miedos que implican estos viajes a lo desconocido, por medio de la razón o de la intuición. Pero la razón y la intuición necesitan de datos con los que construir mapas de la realidad. Si nos distanciamos de los hechos, nos movemos más allá de la zona segura de la varita mágica de la intuición y la razón. Por estas razones, nos movemos lentamente y con paso seguro. Somos el factor humano en una ecuación de múltiples variables, en donde cambio de factores no visibles puede provocar resonancias y perturbaciones de tipo imprevisto. Sabiendo esto, y sabiendo lo poco que sabemos, deberíamos ser excusados por esta apología de la prudencia, necesaria cuando acudimos a estas visiones que la Stropharia nos ofrece.

En Mysterium Conjunctionis, Carl Jung nos recuerda de realidad de esta situación, el hecho de que la psique está destinada a transferirse a esta meta alquímica. Jung, citando a Gerhart Dorn, hace hincapié en que la materialización de la piedra es tan solo un prólogo de la experiencia de un yo perfeccionado en un estado de iluminación. Jung escribió "Aunque sabemos por experiencia que los procesos psíquicos están relacionados con los materiales, no estamos en una posición que nos permita decir en qué consiste esta relación, o cómo es posible. Precisamente porque lo físico y lo psíquico son mutuamente dependientes, se ha conjeturado frecuentemente que quizá sean idénticos en algún lugar más allá de nuestra experiencia presente."

¿En qué consiste esta relación? Mi presentimiento, y es tan solo un presentimiento, es que una dimension espacial explícita —de una codimensión incluída en nuestro continuum—, permite a un holograma de otras formas de organización, distantes, se vuelvan visibles a cierto nivel de resonancia cuántica en los campos sinápticos. Estos niveles son seleccionados y volcados [a nuestro cerebro], en favor de las líneas de formación más relevantes para la supervivencia animal. La evolución no refuerza selectivamente la habilidad de un organismo, por ejemplo, para ver a mayor distancia, si esta habilidad no implica una ventaja selectiva, a menos que la información que este hecho transporte sea recibida por un organismo lo suficientemente sofisticado en el uso de símbolos y conceptos abstractos para su aplicación posterior en diferentes contextos.

La conclusión que tal idea hace necesaria es que la atención empírica debería centrarse en el contenido de estas visiones específicas. ¿Cuales son los detalles de los mundos cuya presencia incide en la nuestra tan fuertemente? ¿Qué hay de las entidades que a veces encuentras, que a veces se sientes furtivamente que parecen tener existencia de por sí en los mundos que nos revela la psilocibina, y en las contactos con OVNIS? Quizá exista una vasta red de comunicación en la naturaleza topológica de las cosas. Una red que se vuelve una realidad solo para aquellas especies o individuos cuya inteligencia sea suficiente para mantener esta visión. Estos indivíduos encontrarán esta visión persistente en la naturaleza de las cosas. La alquimia creció en el clima de tales ideas. Para verificar el valor de los mundos en la distancia, uno debe emerger con alguna idea provocada por lo Otro y que pueda ser de utilidad aquí y ahora. La onda de cuantificación del IChing es la única idea de esta clase que que personalmente he alcanzado a ver en la completitud. Me llevó años desarrollarla, y su uso aquí y ahora es todavía elusivo. Los temas fragmentarios abundan: simbiosis, platillos cuyos tripulantes usan para navegar los océanos topológicos de nuestras mentes. Todo esto podrían ser ideas recicladas, fantasías. En el sentido clásico de la palabra, el que experimenta con alucinógenos persigue la gnosis: conocimiento privilegiado sobre la naturaleza, que ésta brinda en el éxtasis.

La historia de la consciencia es la titubeante exploración de estas ideas irracionales y procesos que encontramos en los sueños y el trance. Tales imágenes se vuelven conceptos y descubrimientos a medida que la información fluye a través del continuum múltiple del ser buscando el equilibrio, aunque paradójicamente transporte por todas partes imágenes de este flujo hacia la entropía revirtiendo a causa de este ser, sociedad o fenómeno. Estamos inmersos en un océano holográfico de lugares e ideas. Podemos entenderlo en la profundidad de que seamos capaces de sumergirnos. El océano de imágenes y lo intrincado de sus conexiones son infinitas.

Quizá este sea el por qué de que los grandes genios vayan precedidos de aparentes saltos. Porque la idea revolucionaria que inspira al genio se vuelve completa, entera de por sí, desde el océano de la mente. La Historia es la historia de la búsqueda de ese salto intuitivo que revelará el mecanismo de esa otra dimensión. La necesidad de tal salto en la humanidad crece a medida que agotamos la complejidad en todos los reinos, salvo el microfísico y el psicológico. Mi propio método ha sido siempre la inmersión en las imágenes y en el auto-exámen del fenómeno de la alucinación triptamínica. Esto es, tomar la psilocibe Stropharia y cavilando —con la confianza en que, cuanto mayor sea el número de personas que compartan esta experiencia, más profundo será nuestro conocimiento. La psilocibina argumenta que las alucinaciones son ventanas hacia otra dimensión. Así como un cono puede crear un círculo, una elipse o una parábola en un acto de seccionamiento bidimensional, y aún así permanecer siendo un cono, la realidad es algo que cambia de acuerdo al ángulo desde el cual es contemplada. También expone que los seres humanos son formas sobre vastas escalas de tiempo, que la vida está unificada a cierto nivel, y que toda la inteligencia del universo es una faceta del misterio que llamamos humanidad.

Cuando estudiamos lo Otro siempre volveremos con imágenes de nosotros mismos. En el propio fenómeno de la existencia, así como de los contactos con OVNIS, somos meros observadores privilegiados de una relación entre lo que lo que se llama ingénuamente el mundo y la porción transpersonal de la psique humana. Como puede haberse dado esta relación, y cuales son sus limitaciones, no lo podremos saber hasta que no tengamos acceso a las porciones transpersonales y atemporales de la psique.

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