~ Escepticismo ~
extraído de "The evolutionary mind"
(triálogo entre Rupert Sheldrake, Terence McKenna y Ralph Abraham)
Nota del traductor: en la versión original de este texto se emplea el término "fuzz" referido a individuos o ideas excesivamente fantasiosas. Se ha optado por traducirlo por "magufo" —y su derivada "magufería"—, dado que es la palabra que se usa en los círculos escépticos españoles.
TERENCE McKENNA: Pienso que sería interesante discutir el tema del escepticismo, y de lo que llamo la Balcanización de la epistemología. Pienso que es un tema del que mucha gente empieza a ser consciente. Lo que quiero decir es lo siguiente.
También soy consciente de que si dispones unos parámetros demasiado estrechos, te vuelves un defensor del Cientificismo o algún tipo de ortodoxia. Así, desde mi perspectiva, intento entender cuales son los puntos fuertes de la ciencia, y cuales necesitan ser criticados. Igualmente, he buscado alternativas a la ciencia —contracultura, New Age—, y me he preguntado: ¿cuales son sus puntos fuertes? ¿Qué sirve a la evolución del discurso, y qué es, de hecho, este tipo de pensamiento insostenido al que me refiero?
Primero, dejadme que os hable de como veo la ciencia. Si alguno de nosotros intentara llevar a cabo lo que se ha venido a llamar una aproximación científica dura a alguno de los fenómenos que nos interesan —que sabemos existen, y encontramos ricos en implicaciones—, simplemente no podrían ser tomados como objetos de discurso. Las mascotas psíquicas, el orígen del contenido de la experiencia psiquedélica, y otros fenómenos interesantes se verían relegados del discurso. Así, a un nivel, ocurre algo malo en la ciencia, o, concretamente, en lo que llamamos empirismo, escepticismo y positivismo.
En la otra mano, también nos metemos en problemas si nos vamos a la otra parte del espectro y admitimos los testimonios de iridiologistas, entusiastas de los círculos en las cosechas, víctimas de las abducciones alienígenas, canalizadores la Atlantida, o creyentes en vastos puntos arqueológicos en Marte.
(...)
Así, éste es el problema que veo. La ciencia se ciñe demasiado a sí misma. Se pierde mucho de lo que es interesante. Pero abandonar la aproximación científica es navegar sin timón en un océano de aseveraciones muchas veces estridentes y que ciertamente no pueden ser creídas. Así, he estado pensando sobre esto, y mi aproximación sería la siguiente: partiendo de que la ciencia fue desde la superstición a su presente positivismo a través de un proceso de evolución, intenté llevar a cabo el siguiente ejercicio. Me dije que me movería atrás a través de la historia epistemológica de la ciencia hasta su último momento sano, y analizaría en qué consistió. No he completado todavía dicho proceso, pero lo que he encontrado ha sido una curiosa traición ocurrida en el seno de la ciencia. Con el ascenso del capitalismo y el industrialismo, la ciencia ha permitido que se hicieran asunciones que traicionan sus intentos originales.
A lo que me refiero es a lo siguiente: la ciencia moderna confía en el análisis estadístico de datos. Mide diez veces, suma los valores, divide entre diez, y esto te dirá cuanta lluvia está cayendo, o cuanto voltaje atraviesa un cableado. Algo así. Esta aproximación a los fenómenos, inevitablamente carga contra los fenómenos inusuales, dado que son estadísticamente insignificantes. Esta es la frase que de hecho se usa. El método del análisis estadístico ha producido formalizaciones generales de los mecanismos de la naturaleza y ha derivado en maravillosos productos que pueden ser vendidos y patentados. Pero en realidad es una visión amputada de la naturaleza. Contra lo que milita es precisamente contra lo que de hecho alimenta el progreso de la ciencia: los fenómenos no asimilados, los datos poco usuales, los resultados peculiares de un experimento.
Como decía antes, ¿donde nos encontramos, dentro de la historia de la ciencia? ¿Cuando ocurrió todo esto, y como era antes? Quizá deseéis corregirme en un par de cientos de años, pero me gustaría traer a colación a Guillermo de Ockham. Aparte de las muchas cosas que diré aquí sobre él, jugaba con un concepto, el de "progreso ilimitado", que no ha sido demasiado apreciado después. Se acerca mucho a la creencia de la Teoría de la Novedad, en la que el universo progresa hasta confluir con la naturaleza de Dios. Pero lo que ha perdurado sobre todo esto es, por supuesto, su famosa navaja. Aunque se ha interpretado de muchas formas, la más sencilla viene a decir que las hipótesis no deben ser multiplicadas sin necesidad. O, haciéndolo más simple, la explicación más simple de cualquier fenómeno debe ser preferida aún cuando se encuentre inadecuada. Las explicaciones no deben hacerse más complejas más allá de las demandas del problema que se ha llevado a la navaja.
Si abandonamos el análisis estadístico de la naturaleza, probablemente descubriremos que las asunciones de la inmutabilidad de los campos que subyacen en la naturaleza es, de hecho, una asunción no probada, no demostrada. Así, en mi hipotética reelaboración del diálogo epistemológico, deberíamos deshacernos del análisis estadístico. Deberíamos redirigir la ciencia hacia el último período medieval de Ockham, y dejarla así. Aplicando la navaja de Ockham, lo único que hacemos es rasurar toda la maleza que la gente que se mueve en lo periférico y lo alternativo trae a la palestra. Y mucha de ella es buena: hipnotismo, acupuntura, terapia nutricional, aproximaciones racionales a la telepatía y clarividencia. No tengo ningún problema con ninguna de ellas, o con gente que proponga nuevos modelos de naturaleza.
Con lo que tengo un problema es con las revelaciones excéntricas, insostenidas —los channelings de las Pléyades, la reconstrucción de la antigua arqueología de oriente próximo por parte de Sitchin, o la distorsión de Argüelles de los logros mayas. Encuentro estas cosas perniciosas y fácilmente descartables con la navaja de Ockham. Pero cuando vamos demasiado lejos en los análisis estadísticos de la naturaleza, encontramos que nuestras creencias sobre la naturaleza se ven amenazadas: la teoría de los Campos Morfogenénicos de Rupert, mi Teoría de la Novedad, y supongo que en algún aspecto puede amenazar también a las teorías de Ralph. En otras palabras, hemos sido llamados "suaves" en nuestro tiempo, pero, de hecho, nuestra "suavidad" indica un fallo en la ciencia.
La ciencia se ha vendido al mercado, a la tecnología, y así, interesantes fenómenos de alto orden como sociedades, economías , y comportamiento de sistemas complejos, permanecerán por siempre velados a nuestro entendimiento mientras confiemos en el análisis estadístico. Éste es una herramienta que tuvo su momento, pero agarrarse a él indefinidamente retrasará la habilidad de las matemáticas de explicar la naturaleza. Un perfecto ejemplo de todo esto sería la consagración del principio de incertidumbre en física a lo largo del siglo XX, y el supuesto gran puente entre ciencia y misticismo. Al final todo eso es chatarra.
No existe principio de incertidumbre. La formulación de David Bohm en física da perfecto conocimiento de velocidad y posición sin ambigüedades, lo que inspira la noción de la no-localidad. Aún así, preferimos la notación de Heisenberg, porque, una vez aceptamos la no-localidad, muchas de las cosas en que estamos interesados se permiten —la telepatía, la información de otros mundos llegando a través de los campos morfogenéticos, y cosas así.
Aún habiendo nombrado varias herejías destinadas a las llamas, quizá no haya sido todo lo agitador que podríais esperar de mí, pero pienso que hay demasiados magufos en nuestra canoa, y ninguna revolución en el pensamiento humano se ha dado a través de la especulación no crítica.
RUPERT SHELDRAKE: Pienso que deberíamos ver el problema de forma geográfica. El escepticismo y el Ockamismo tienen diferentes balances sociales en diferentes partes del mundo. Tú vives en Hawaii, y Ralph en Santa Cruz, California. Hay cierto nivel de rareza permitido entre las teorías que la gente tiene en estos lugares. Muchos de los fenómenos que has nombrado son aceptados típicamente en Hawaii y California. Cuando vives en Inglaterra, estas cosas toman una prespectiva diferente. Hay un elevado nivel general de escepticismo popular. El tono general de un pub inglés sería el del escepticismo.
TM: ¿Pero no son los círculos de la cosecha y Graham Hancock fenómenos ingleses?
RS: Lo son. Pero en cualquier pub en donde sean discutidos, cada uno de ellos tendrá su ración de escépticos. Nunca tendrás ningún lugar en donde encuentres creyentes, excepto en excéntricas pequeñas sociedades de creyentes verdaderos, las cuales existen. Pero el tono general cultural es el de escepticismo. Así, la necesidad de algo más de escepticismo no es tanta si vives en Inglaterra en vez de en Hawaii o California.
Por otra parte, creo que el escepticismo en ciencia del que hablas es una seria amenaza, y pienso que lo que ha hecho más que nada es llevar a la ciencia hacia un camino dogmático. Es esa clase de escepticismo que rechaza los fenómenos "paranormales" a cualquier coste, y piensa que debe negar sistemáticamente la telepatía y otros aspectos del sexto sentido. De acuerdo con esta prespectiva, la no-localidad parece suceder; el resto es tan solo una cuestión de detalles de la teoría cuántica.
(...)
RS: Si. Pero existen una gran cantidad de escépticos dogmáticos, como los devotos del Skeptical Inquirer. Esta clase de escepticismo ha hecho mucho a la hora de forzar a la ciencia hacia su actual estrechez de miras.
(...)
TM: Tienes razón: existe un problema político. Aunque en los Estados Unidos los ingleses tengan la fama de ser el epítome de la buena educación, de hecho, en un pub Británico, la gente está siempre deseando echarse encima de aquello que perciben absurdo.
RS: Si, para reírse de ellos, ¿no?.
TM: Contrariamente, la New Age carece completamente de sentido del humor. El paradigma de lo políticamente correcto exige que trates todos estos testimonios con completa ecuanimidad. No se puede tomar a todo el mundo en serio. La creencia es que la verdad nunca podrá ser conocida, así que todo lo que tenemos son opiniones. Tú hablas desde tu conocimiento en cálculo e historia mundial, y la otra persona habla de la última canalización desde la caída de la Atlántida, y se pone todo al mismo nivel. Es una locura, y, así, la trivialización está garantizada. Me refiero a que no pienso que estos magufos lleven a cabo una revolución en la historia humana.
RALPH ABRAHAM: Para entender lo que estás diciendo, debería realmente intentar entender qué es un magufo. Me gusta tu aproximación histórica, y coincido contigo en que la ciencia está mal lugar hoy por hoy. Volvamos atrás, veamos donde todo empezó a ir mal y empecemos de nuevo, que es algo que hacen los fundamentalistas: nuestra ética se ha perdido, así que volvamos a las primeros discursos de Mohammed.
De hecho me siento incómodo con la noción de Ockham de simplicidad. Su forma moderna sea probablemente la medida de complejidad de Kolmogorov. Ésta determina la longitud en bytes del menor programa de ordenador que pueda construirse. El problema con esto, técnicamente hablando, es que la medida de la tecnología de este año será mucho más pequeña que la del año pasado, dado que hemos aprendido nuevos trucos a la hora de construir modelos. O puede que solo dependa del lenguaje que se haya usado para construir dicho modelo. Así, en otras palabras, no existe una medida simple de simplicidad. Dadas tres explicaciones, no podemos estar seguros de cual es la más simple. No hay matemáticas que realmente puedan ser aplicadas. Se vuelve al juicio subjetivo. Por consiguiente, pienso que has sugerido una escala de magufería unidimensional, en donde, en un extremo, podemos creer en absolutamente cualquier cosa que alguien nos diga. En la otra, haríamos pruebas a los contactados Pleyadianos para ver si mienten o no.
Así, esta escala está marcada por dos puntos. Hay un punto en el que se piensa que, a su derecha, están los magufos, y a su izquierda, los que no lo están. Haciendo esto, estás aceptando unas cosas y descartando otras. Pero, así, una persona podría no aceptar los campos morfogéneticos, pero sí el ADN. Así, esta escala que has descrito, es, en sí, una escala de magufería linear. Pienso que es una escala útil si apelas a las matemáticas o a cualquier tipo de ciencia real —si es que realmente tal cosa existe—, de forma que nos pueda redirigir a nuestro objetivo, que es cuando la religión de la ciencia se salió de madre. Pero esto es precisamente lo que me molesta. Me gustaría que esto fuera cierto, pero no tengo mucha fe en ello —que en algún lugar en el cielo, o en las más profundas entrañas de la tierra, exista una varita mágica que mida la verdad de las cosas. En la lógica del caos, no tienes verdadero o falso. Tienes la verdad como un porcentaje entre cero y cien. La lógica del Caos podría ser una buena alternativa para tí.
La verdad de una proposición —usando la lógica formal, la de la paradoja de Zenón—, es tan solo una valoración temporal. El resultado de la "varita mágica de valoración de la verdad" sería válida solo hasta que se efectúe la siguiente medida. Así, sabemos que algo es verdadero en un 60%. Supongamos que ese valor es el valor de entrada para otra medición, y ésta medición da como resultado un 64%. Este proceso de medición, que puede rastrearse en la historia de la ciencia —desde el pasado remoto, pasando por William Ockham hasta el futuro infinito—, podría converger o algo así. Pero en la lógica caótica nunca converge, porque cierta clase de proposiciones, como la de la paradoja de Zenón, son circulares en cierta forma. A su alrededor, tienen atractores caóticos dando siempre resultados diferentes.
Nunca llega a resolverse. Siempre se producen cambios estimados entre el cero y el ciento por cien. Desde esta prespectiva —la sucesora de la lógica aristotélica, la cual sirvió a la ciencia hasta 1985— no puedes tener una "varita mágica de la verdad" o una escala clara de magufería. Así, el intento de llevar a cabo algo perfectamente claro está condenado al fracaso. Entendamos todo esto, pues, como algo psicológico. Estoy aplicando a Ludwig Fleck aquí. Fleck es el fundador de la sociología de la ciencia, la cual hace un análisis freudiano de la comunidad científica.
Como padres en los sesenta, fuimos muy permisivos con nuestros hijos. Ahora son ellos los que tienen hijos, y vemos como son mucho más estrictos que nosotros, y podemos aventurar que sucesivas generaciones serán más o menos estrictas con sus hijos, más o menos estrictos con la magufería. Así, la escala de la magufería es un valor sociológico que fluctúa salvajemente a lo largo de las épocas. Pienso que a medida que envejecemos y a vamos recibiendo aportaciones por parte de los jóvenes, nos vamos volviendo más críticos. Nos volvemos más críticos con nosotros mismos, porque hace una década estábamos más abiertos. Así, nuestra propia escala de magufería también cambia, y por lo tanto, cambiamos también nuestro juicio. Alguna gente que antes tomábamos como válidos, es ahora demasiado magufa para nosotros.
TM: Estoy de acuerdo con casi todo lo que has dicho. Cuando hablabas de que la verdad es algo dificil de aseverar, no has mencionado a Kurt Gödel. Ciertamente, su prueba de que ningún sistema formal produce siempre sentencias afirmativas muestra que incluso la aritmética ordinaria es sujeto de debate, y representa cierta clase de circularidad. Así, en cierta forma, comparto lo que dices sobre lo de que la verdad es un concepto muy complicado. ¿Y por qué no debería serlo? Ha motivado a los pensadores a pensar desde el inicio de los tiempos. Y aún así, no tenemos ninguna medida para ella.
Has dicho que mi propuesta era unidireccional, y te agradezco el ejemplo, pero gran parte de tu crítica está embotada en el vocabulario de la lógica simbólica y la deconstrucción analítica. He aquí una forma con la que podemos afrontar el problema: aceptemos que es un problema desagradable, así que aceptemos también que las soluciones puedan ser también desagradables. Así, por ejemplo, y de forma inmediata, quizá tengamos que establecer dos clases de magufería. Yo identifico, de forma inmediata, dos clases de magufería. Una es la especulación no científica, persistente a través de la historia.
RS: ¿Te refieres a la religión y a la mitología?
TM: No iba a atacar la religión. Pensaba en ideas más marginales, pero la religión es un buen ejemplo. Iba a sugerir la alquimia. La alquimia cree en ciertas cosas sobre la materia que la ciencia rechaza plenamente. La historia de la Alquimia es, de hecho, mucho más antigua que la historia de la ciencia. Siempre ha existido, y sus pensadores siempre han hecho evolucionar su campo de conocimiento. Así, aquí tenemos un ejemplo de magufería con continuidad histórica. Pero a ver qué hacemos con alguien que ha generado su propio modelo cosmológico por sí mismo en diez años. Sin leer a Platón. Sin leer la Biblia. Sin saber matemáticas. Así, de golpe. Es una fe que te dice que la verdura puede perder sus campos áuricos a no ser que sea pelado con instrumentos de madera; que los mayores cambios en la tierra ya han sucedido, aunque fuesen invisibles para la mayoría de la gente; que solo hay en el mundo cien personas vivas de verdad: el resto son simulacros de otra dimensión. En otras palabras: absurda, idiosincrática, y molestamente desligada de cualquier conocimiento humano previo, autorizado o no autorizado.
RS: Así que la cuestión que hemos de afrontar es como distinguir todas estas especulaciones de otras que superficialmente puedan parecer similares; por ejemplo, las revelaciones que resumes en tu libro, "The Invisible Landscape". ¿Como distinguir entre tu libro y el resto?
TM: Pienso que "The Invisible Landscape" podría entrar dentro de la categoría de "Comentarios sobre el I-Ching", dado que éste es un objeto de especulación legítimo. Lo ha sido desde los tiempos pre-Han.
RA: Bien, digamos que aceptamos un modelo de magufería bidimensional, en donde existen niveles de magufería más profundos (comentarios sobre el I-Ching) y magufería más superficial (como el manifiesto que dice que todo el universo se debe a la circulación de un electrón).
¿Qué es lo que la ciencia odia? La ciencia odia la homeopatía, la acupuntura y las terapias alternativas. Odia la fusión fría. Y así, un montón de cosas podrían perderse. Por ejemplo, el descubrimiento de un desplazamiento continental, o la Era Glacial. El descubrimiento de la Era Glacial fue un descubrimiento llevado a cabo por montañista, y fue rechazado por la ciencia durante treinta o cuarenta años. Es uno de los pocos ejemplos de cambio en el paradigma de la ciencia.
TM: Has dicho treinta o cuarenta años. Pienso que una forma de pensar sobre este problema sería dar al sector magufo cierto margen de tiempo para avanzar en su agenda. Pero si, en veinte, treinta o cuarenta años no van a ninguna parte, deberían perder su lugar en el discurso, o quedarse en un segundo plano. Por ejemplo, la ciencia se ha dejado la piel desde 1950 a la hora de resolver como elucidar el mecanismo de la memoria. Creo que ya sería hora de cortar. Ha tenido cincuenta años para trastear con toda herramienta disponible, y no ha demostrado nada de nada. De forma similar, la gente que cree que alienígenas de otros sistemas estelares visitan nuestro planeta -con grandes planes para la humanidad-, ha estado repitiendo la misma historia desde 1947. Es momento de que bajen la voz y de que dejen a otra gente decir algo.
RA: Yo más bien daría un siglo o dos. ¿Por qué eres tan duro?
TM: Porque inhiben el progreso. Otros campos han creado verdaderas revoluciones en escalas de tiempo similares.
RA: Pero a veces el progreso es muy sutil. Por ejemplo, aún no se han encontrado mecanismos de memoria en el cerebro, pero, mientras estaban buscándolos, se dieron cuenta de como cierto tipo de cirugía podía ayudar con el tratamiento de tumores.
TM: Te reto a elaborar una lista de descubrimientos colaterales derivados de la New Age que hayan reducido el sufrimiento de la humanidad. Han habido algunos rascadores de espalda, algunos suplementos nutricionales, un mantra o dos, pero en términos de dinero gastado y vidas distorsionadas, debemos asumir que ha sido de poco valor.
RA: Vale. Si fueramos la Fundación de Ciencia Nacional, y hubiesemos estado financiando canalizadores [channelers] con la esperanza de que algún día encontrasen oro en Sudamérica, dejaríamos de hacerlo. Pero no podemos ilegalizar el hecho de que sigan canalizando.
TM: No. Lo que debemos legitimizar es la discusión crítica, así que cuando alguien se levante, y empiece a hablar sobre la cara de Marte, la gente se comporte como se comporta la gente en los pubs ingleses. Que la gente se levante y que suelte "¡Cállate pesado!", y que fuerce a esa persona a experimentar una deconstrucción crítica de sus ideas. La cara de Marte es un ejemplo perfecto. La sonda Voyager manda una imagen de baja resolución que parece una cara, y todos esos autoproclamados ex-científicos de la NASA se juntan y dicen que esa cosa es de hecho un artefacto alienígena. Cuando escucho la frase "ex científico de la NASA" en la New Age, me dan ganas de coger la maleta.
Cuando el primer satélite falla en su intento de tomar la órbita de Marte, se ponen a gritar: "¡Conspiración! ¡La raza humana no está preparada para la verdad!". Dieciocho meses después, el segundo satélite se pone a orbitar con éxito. La NASA, respondiendo al escándalo, incluye en su agenda fotográfica esa zona, exactamente bajo las mismas condiciones con las que esa gente dice que deben ser fotografiadas. Así, se ve claramente que es una meseta erosionada, parte del paisaje Marciano. Inmediatamente, lo defensores de la cara de Marte claman que los datos han sido manipulados, y todo ese tipo de cosas. Un tipo me envió un e-mail diciéndome: "si no hay una cara en Marte, la habrá en el futuro". Alguien más me escribió y me dijo: "obviamente, los alienígenas no permiten que veamos el artefacto. La cara de Marte se ha disfrazado de meseta".
RA: Estoy de acuerdo. Aunque no sé si será bueno despotricar de la cara de Marte, porque no hay forma, con o sin Ockham, de que puedas descartar que exista , no sé, un reloj de pulsera en Marte. De hecho, existe vida allí. Quiero decir, hay agua en Marte. Por supuesto, no hay una cara en Marte, pero hay algo que nadie sospechaba que se pudiera encontrar allí. Así que mi miedo es que, si hacemos los márgenes demasiado estrechos, muchos descubrimientos pueden perderse. Pienso que cierto grado de apertura mental es necesaria para que la novedad pueda nutrir la evolución de la mente colectiva.
RS: Tengo una respuesta política a todo esto. Por mucho que elijamos definir los criterios, no tenemos ningún poder para hacer que se respeten -a menos que nos avalase algún comité como la Fundación Nacional para la Ciencia o el Concilio Británico de Investigaciones Médicas, o que seamos editores de alguna prestigiosa revista como Nature o Science. Solo bajo estas condiciones - subvenciones o influencias editoriales -, puedes influir en la comunidad científica. Pero la gente en dichas posiciones tiende a no querer escuchar lo que venimos diciendo. Así, una pregunta realista podría ser: ¿como podría reformarse el sistema?
Una propuesta se contempla en el libro The Economic Laws of Scientific Research, de un bioquímico de Cambridge llamado Terence Kealy. El muestra como, en el siglo XIX, cuando existía un gran intercambio de creatividad entre Inglaterra y América, hubo una gran diversidad de fuentes de financiación. Este dinero provenía de indivíduos poderosos y de compañías que en ese momento necesitaban de la ciencia para sus propósitos.
Contrariamente, a finales de dicho siglo, la ciencia continental estaba altamente institucionalizada y profesionalizada. En Inglaterra y America, no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando la ciencia se centralizó y pasó a ser controlada por el Estado. Gente como Vannevar Bush tuvieron la idea de complejos industriales-militares- apoyados por la gran ciencia y la financiación masiva por parte del Gobierno, especialmente con fines industriales. En Inglaterra, tenemos además sistemas centralizados de financiación para ciencia a través de concilios de investigación, los cuales deciden quienes obtienen las subvenciones. Estos concilios los llevan a cabo pequeños comités del establishment científico y representantes de las grandes corporaciones. Esto impone cierta clase de monopolio, una uniformidad de pensamiento —el enemigo del pensamiento no-ortodoxo.
Dado que Kealey cree en el mercado libre, sugiere que la única solución a esto es no seguir la idea de Sir Francis Bacon de una financiación proveniente del gobierno central, en donde encontraremos una especie clero de científicos. En vez de eso, Kealey aboga por reducir los recursos de ese gobierno central. La ciencia pasaría a ser financiada por cualquier grupo interesado en ella y que dispusiese de suficientes recursos. Por ejemplo, hay un gran número de personas que quieren comida orgánica, que podrían asociarse y reunir el suficiente dinero para llevar acabo investigación en granjas, la cual en la actualidad recibe pocos fondos.
Si las prioridades fuesen establecidas por la opinión popular, la investigación en mascotas entraría dentro de la agenda de la biología, y no la secuenciación de más proteínas, o la clonación de más genes para ayudar a la industria biotecnológica. Pero no es así. La investigación sobre mascotas no entra siquiera en las agendas de la pequeña élite a la cual no le interesan las inquietudes de la gente de a pie. Aunque sea precisamente la gente de a pie la que provea de dinero para las investigaciones gubernamentales a través de sus impuestos.
(...)
A medida que vayamos introduciendo más principios democráticos en la financiación científica, pienso que deberíamos expander el escepticismo sobre las ciencias mismas. Hay un artículo interesante en un número reciente del Jornal de la Historia de la Medicina sobre la historia de los estudios a doble ciego. Las técnicas de doble-ciego fueron inventadas por Benjamin Franklin en París a finales del siglo XVIII, cuando fue nombrado por el Rey Luis XVI para dirigir la Comisión Real para investigar las afirmaciones de Anton Mesmer, en una época en la que toda Europa hablaba del Mesmerismo y del magnetismo animal.
Franklin y los otros miembros de la Comisión Real tenían la firme opinión de que había alguna clase de engaño, producto de las mentes de las personas y sus creencias. Para probar su hipótesis, desarrollaron un método en donde la gente no sabía si estaban siendo tratados o no. Esta metodología consistía basicamente en vendar los ojos a la gente para probar si podían detectar este magnetismo animal. La mayoría de las veces no pudieron.
Las técnicas ciegas se conviertieron en una práctica standard cuando los escépticos examinaban fenómenos marginales como la homeopatía o el hipnotismo. Los homeópatas tomaron este criticismo en serio, y fueron el primer grupo en la investigación científica en llevar a cabo sus propias pruebas de ciego. No fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando estas pruebas de doble-ciego aleatorias se conviertiern en una norma en investigación médica, y no se volvió algo generalizado hasta los 50 o los 60. Así que tenemos que, en parapsicología, las técnicas de doble-ciego se internalizaron en 1880; en la psicología esto no se dió hasta los 60, con el reconocimiento de los estados del experimentador.
Recientemente he llevado a cabo una inspección sobre el uso de las técnicas de doble ciego en diferentes ramas de la ciencia analizando la sección "Métodos" de los artículos publicados en las principales revistas científicas. Durante esta investigación, la cual resumí en el Skeptical Inquirer, descubrí que el uso de las técnicas de doble-ciego ha ido más lejos en la parapsicología, en donde se llevaon a cabo en un 85% de las ocasiones. En medicina y psicología, el número de experimentos en los que participaban técnicas de ciego o de doble-ciego, era inferior al 20%. En biología, de los 900 artículos revisados, solo un 1% usaba dichas técnicas. En química o física, el número de estudios de ciego era de cero. Entonces entrevisté a profesores de importantes departamentos de química, física, biología y biología molecular en Cambridge, Oxford y otras universidades. La mayoría ni enseñaba ni usaba estas técnicas.
La idea de que la ciencia moderna es tan objetiva e imparcial en estas áreas parece basarse en la idea de que, en el momento que te pones una bata blanca por encima, te vuelves completamente objetivo, y no eres sensible a actitudes parciales como el resto de los mortales. Así que sugiero el revisar las técnicas de doble ciego en los laboratorios.
(...)
RA: La popularidad de la metodología de doble-ciego en parapsicología es obvia, dada la dificultad que tienen los investigadores de convencer a la gente de la validez de sus resultados. En otras palabras, se debe a la gran presión que ejerce el escepticismo sobre las áreas de especulación. Así, de alguna manera, hay una especie de dialéctica en la mente evolucionaria, y tiene que ver con el equilibrio e interrelación entre el escepticismo y la especulación. Son dos fuerzas en activo, y queremos que ambas sean sanas e interactuen de forma saludable. Si nuevas técnicas como la del doble-ciego funcionan, entonces la interacción entre ambas técnicas garantizará su uso. Resumiendo tu argumento contra la falta de claridad de la New Age, Terence, parece haber una falta de equilibrio entre la especulación y el escepticismo. Lo que pretendes es aportar un poco de escepticismo en un área de especulación desmedida. Estamos interesados en una especulación equilibrada.
TM: La especulación y el escepticismo empiezan a sonar como novedad y hábito. Así que quizás ambas sean corrientes en la historia de la cultura que se influyan mutuamente. Sí, tenemos muchas corrientes bizarras a lo largo de la historia, pero parece que se van corrigiendo a sí mismas a lo largo del tiempo. Pero en el momento histórico presente, asistimos a una terrible fragmentación, teorización sincrética y una riqueza de competición ideológica.
RS: Pero lo que veo en los márgenes es un gran número de cultos y gurús que compiten entre sí para ver quien sale en la portada del Common Ground Magazine. Es un mercado altamente competitivo, y es precisamente esta competición la que los mantiene controlados. Si un culto funciona, crece, y los demás pierden adeptos. Así que existe una especie de mercado libre en el mundo de la espiritualidad.
Pero esto es en los márgenes. El mainstream lo acapara una especie de oficina gubernamental estalinista científica, que margina todo lo que no entre en sus preceptos. Un mercado libre debería permitir un debate que baraje más información.
TM: Esto que dices me sorprende un poco, porque parece que implique que una posible solución al problema sea la práctica de un capitalismo sin ataduras, la cual desataría fuerzas de mercado. Bienvenido al nuevo milenio.
RA: Es más bien la ciencia la que debe convertirse en la alternativa de la diversidad que ha experimentado la historia de la cultura en la esfera de la religión. Antes, la gente sabía que que cada pueblo tenía varios dioses. Así, esta multiplicidad era aceptable. Incluso aunque mucha gente pensase que los dioses de su pueblo eran más fuertes que los del pueblo de al lado, coincidían en la existencia de muchos dioses. Así que todo encajaba en el contexto de la diversidad.
La ciencia se ha hecho con la gente que ha perdido la fe en la religión, y que vieron en ella un posible sistema único de pensamiento planetario. Mucha gente puede pensar acertadamente que hay un control monopolístico en la financiación de la investigación científica, dado que cada cosa que se descubra en este área, reforzará, validará y confirmará todas las demás, en el marco de una (supuesta) idea de verdad científica.
Pienso que la idea de un mercado libre en ciencia necesitará de que descartemos la idea de que existe algo así como una verdad científica absoluta, y de que, dada una pregunta, puede establecerse como verdadera o falsa de acuerdo con un canon universal. Por esto es por lo que un mercado libre en la investigación científica podría ser positivo. Quizá si la ciencia se liberalizara de esta forma, se volvería algo parecido a las religiones, en donde tienes grupos de Cristianos, Vedantas, Sunitas, etc., de forma que creerías en tal o cual sistema. Debemos valorar si esta diversidad podría ser aceptable para nuestra especie en un futuro, y si no, cual podrá ser la alternativa.