~ La inusual verborrea de Terence Mckenna ~
de "Estados no ordinarios a través de plantas visionarias"


Estamos jugando con la mitad de la baraja, en el sentido en que toleramos que los cardenales del gobierno y de la ciencia dicten la legitimidad de los lugares a los cuales la curiosidad humana puede acceder y a los que no. Es, en esencia, una situación ridícula. Es, en esencia, un asunto relativo a los derechos civiles, porque de lo que estamos hablando aquí es de la represión de una sensibilidad religiosa. De hecho, no de "una" sensibilidad religiosa, sino de LA sensibilidad religiosa. No construída a modo de estafa por obra y gracia de eunucos, sino basada en una relación simbiótica que tuvo lugar en nuestra especie 50.000 años antes del advenimiento de la historia dominada por la clase sacerdotal y la propaganda.

Así, el asunto se convierte en una llamada a recuperar un derecho legítimo de nacimiento, a pesar de lo incómodo que nos pueda hacer sentir. Una llamada que revela que la vida, privada de la presencia psiquedélica del chamanismo primordial, está basada en la trivialización de la vida, la negación de la vida, una vida esclavizada al ego y su miedo a disolverse en esta misteriosa matriz madre que nos envuelve, y que, aparentemente, se extiende hasta el infinito, en donde yace nuestro futuro histórico.

Está bastante claro que las técnicas de interface máquina-humano, las de farmacología en su variedad sintética, las técnicas manipulativas, las de almacenamiento y recuperación de datos e imágenes, todas éstas, se están fusionando, convergiendo en una forma (angélica o demoníaca) de cultura que se imagina a sí misma. Y, las personas que están en el lado demoníaco, son plenamente conscientes de esto y se apresuran en sus planes de convertir a todo el mundo en consumidores 100% creyentes de una suerte de fascismo amueblado en beige del que nadie quiera levantarse. La respuesta chamánica a esta situación, creo, es la de pisar el acelerador del arte.

Años y años antes de que el término psiquedélico fuese establecido como tal, éste era tan solo una descripción fenomenológica. Este tipo de cosas eran llamadas drogas "expansoras de la consciencia". Y pienso que es un término muy bueno. Piensa sobre el dilema de este planeta. Si la expansión de la consciencia no florece en el futuro de la humanidad, ¿qué clase de futuro será? A mi entender, la posición psiquedélica es fundamentalmente amenazante cuando es pensada lógicamente, porque es una posición "anti-droga", y, no os equivoquéis, la palabra es "drogado". ¿Como de drogado deberías estar? ¿Quien quedará consciente? ¿Quien inconsciente? Imagina que los japoneses hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial, que hubieran conquistado América, y hubiesen introducido una insidiosa droga la cual provoca que el americano medio invierta la media de seis horas al día consumiendo propaganda del enemigo. Esto es en verdad lo que se hizo. No por los japoneses, sino por nosotros mismos. La televisión. ¡Seis horas y media al día! ¡Como media! ¡Esa es la media! Así que debe haber gente por ahí enganchada unas 24 horas diarias. Visito gente en Los Ángeles que tienen una television en cada habitación de la casa, de forma que nos añaden tiempo al resto de nosotros.

Lo que se necesita es una concienciación de lo que entendemos por "droga". Una "droga" es aquello que provoca comportamientos de hábitos obsesivos. No examinas tu conducta, simplemente lo haces, lo haces obsesivamente. No dejas que nada interfiera en ella. Este es el tipo de vida que te han vendido a cada nivel: mira, consume, compra. Lo psiquedélico está apartado en una pequeña esquina, nunca mencionado, y aún así representa el contraataque contra una tendencia a dejar a la gente en estados de consciencia prediseñados, no por sus diseñadores, sino por los diseñadores de Madison Avenue, el Pentágono y cosas así. Esto sucede realmente. Es una cuestión de cuan hermética puedes concebir la realidad. He estado yendo y viniendo de los Ángeles bastante recientemente, y, en cuanto el avión planea sobre la parte Este de la ciudad, mirar hacia abajo es como mirar a un circuito impreso. Todas esas autopistas curvadas y cul-de-sacs, con todos estos viviendas modulares instaladas al final de cada una de ellas, y te das cuentas de que con una suscripción al Readers Digest y una TV en cada una de ellas, son en verdad partes intercambiables. Es una de las pesadillas que McLuhan y otros previeron: la creación del público. El público no tiene historia, no tiene futuro; vive en un momento dorado creado por un dinero que los une ineluctiblemente a un sistema fascista que no ha sido criticado. Esta es la consecuencia última de haber roto nuestra relación simbólica con la vegetal, femenina, maternal matriz del planeta. Así ha acabado la guerra de sexos. Con nosotros cuesta abajo.

Así, la crisis en la cultura es cada vez más intensa. Las estacas se erigen cada vez más altas. Si hubiera algún momento para escuchar, recapitular y pensar sobre todo esto, éste debería ser ahora, porque hay un ataque directo en la Declaración de Derechos disfrazada de la llamada "Guerra contra las drogas", y de alguna manera, el asunto de las drogas es de hecho mas terrorífico que el comunismo, es incluso más insidioso. McCarthy dijo a América que el comunismo estaba debajo de la cama; estaba equivocado. Ronal Reagan y George Bush dicen a América que las drogas están en el salón, y, ¡están en lo cierto! Está aquí, es real. Es la bomba H del tercer mundo.

La calidad de la retórica de terapeutas y psicoanalistas va a tener que renovarse radicalmente o nos pasará lo que nos sucedió con la genética en la Unión Soviética. Nos vamos a Lysenkoizar. Nos vamos a hacer lilas y blancos, y la oportunidad para explorar toda esta dimensión se va a cerrar —casi como una nota a pie de página de su sustitución por estos narcóticos sinteticos y venenosos, dispensados por los gobiernos. Pero, lo psiquedélico, como dije, es un derecho civil. Las mujeres razonables no pudieron votar en el siglo XIX, por una razón predominante bastante simple que se daba siempre: podrían destruir la sociedad. Esta era la razón por la que el rey no podía contradecir un mandato divino, dado que resultaría el caos. Y esto es por lo que las drogas no pueden ser legalizadas, porque la sociedad se desintegraría. Esto es un sinsentido. Muchas sociedades han operado a la luz de varios hábitos basados en plantas. La historia entera de la humanidad puede ser escrita somo una serie de hábitos basados en plantas. Piensa en la influencia del tabaco en el mercantilismo de los siglos XVII y XVIII. O la de influencia del café en el trabajador de oficina moderno, o la forma en que los Británicos influeyeron en la política del opio en el lejano oriente para controlar China, o la forma en que la CIA usó la heroína en los guettos Americanos en los 60 para cortar la insatisfacción de los negros disidentes de la guerra. La Historia está hecha de estas relaciones con las plantas. Pueden crecer a la conciencia, integrarse a una política social y ser usadas para crear un mundo dotado de mayor significado, o pueden ser negadas de la forma en que la sexualidad fue negada hasta la fuerza del trabajo de Freud y otros que hicieron imposible el mantener más tiempo la ilusión. Esta opción, la de poder evolucionar hacia una sociedad más madura, está con nosotros. Ciertamente, gente como Stanislav Grof y otros, han trabajado valientemente para mantener este tipo de cosas vivas, pero, Dios mío, puedes contarlos con los dedos de una mano.

Debo mencionar que la DMT es un neurotransmisor endógeno. Sí, la DMT, el más poderoso de los alucinógenos, opera en el cerebro humano como parte normal del metabolismo, y aún así está catalogada como una droga del tipo I. Así que, de alguna manera, las personas han sido declaradas ilegales. No tiene ningún sentido.

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